viernes, 14 de febrero de 2014

En defensa propia

Este es un proceso de resistencia ante el ataque renovado contra la democracia. Un ataque como se hacen ahora, desestabilizador del primer proyecto que en décadas ha demostrado poder torcer la balanza. Porque es un proyecto que es atacado por lo que hizc, hace y se empecina en seguir haciendo. Que se ha dedicado a la recuperación del trabajo, a la educación pública, a promover el desarrollo de nuestras regiones. Un proyecto que retomó las banderas e hizo posible desde su accionar decisivo la memoria y la justicia por los crímenes de lesa humanidad de la dictadura. Este que sostenemos tantxs argentinxs es un proyecto donde somos viables. Alguna vez nos descartaron, aplastando cualquier chance y proyecto de vida. Por eso lo sentimos nuestro, porque hubo experiencias ahogadas por golpes y campañás de odio. No era imposible, era necesario el coraje, bancarse abrir muchos frentes a la vez y convencer a escépyicxs y desencantados de la política, porque esto no se hace sin apoyo popular y movilización. Y lo que fueron sueños postergados se fueron haciendo realidades: apostar a la industria, a la ciencia, al saber y al talento que tenemos; rescatar el sistema solidario previsional para que al jubilarte, percibas haberes que se puedan pagar gracias al trabajado registrado y a la práctica sostenida y controlada de mpleadores cumplidores. Diez años de una gestión y una cultura democrática diferente que ha ampliado derechos civiles para sectores históricamente discriminados, animándose a construir un proyecto regional para desarrollarnos con la América del Sur y dejar de ser los eternos deudores arruinados y serviles a los centros financieros. Divididos y amarrados a la misma cuerda, tenemos lecciones y horrores comunes para intentarlo.
En estas semanas estamos contagiándonos prácticas de defensa propia en lugar de la histórica alarma paralizante que fue la respuesta repetida ante estos ataques.
Precios cuidados y gestiones. Conciencia de consumidorxs por nuestra parte. y a mucha honra.
Ensayamos, hace poco. Fuimos probando el poder que tenemos. De comprar o no comprar tomate, cambiar de diario o de servicio de cable.
Ahora es nuestra jugada.
Nos ocupamos de cuidar no solamente nuestro bolsillo, estamos cuidando la actividad que permite que pequeños comercios, pequeñas industrias, pequeños productores, subsistan en un mar de tiburones acostumbrados a repartirse tremendas ganancias fijando las condiciones, marcando las cartas, amparados por ese discurso falso de la autorregulación del mercado mientras se ponen de acuerdo en los precios que fijan y la ganancia exorbitante de la cual, por artilugios como fundaciones y donaciones sospechosas, pagan una ínfima parte de los impuestos que deberían. Una cadena de intermediarios se interpone para trazar la distancia entre el primer eslabón y lo que pagamos en las cajas en la que una empleada que a veces no tiene permiso ni para ir al baño, te pregunta como si fuera uno de los diez avemarías del rosario, si querés donar el vuelto para el tomógrafo o el hospital de niñxs tal o cual.
No. Estamos avivadxs ya de que lo que se necesita es que se recaude y se destine el presupuesto a la salud como corresponde, y que ninguna pantalla de fundación le sirva a vivos para desviar el dinero del erario público, esa bolsa de la cual salen los recursos para nuestra salud, para las rutas, para nuestra educación estatal, para las cloacas de los barrios pobres, para que el transporte público no nos sea un lujo, por ejemplo.
Estamos avivándonos.
No todo el mundo se creyó ni experimentó con dulzura esa película en inglés mal pronunciado del consumo, de la marca, de los shoppings.
No todo el mundo hizo la vista gorda de la otra cara de la concentración de los negocios favorecida precisamente por la ausencia del control y la inacción del estado. Y hasta al estado se lo llevaron puesto. En esos tiempos del laburo en negro, precarizado, cuando te echaban sin indemnización, cuando no podías soñar con un crédito hipotecario si eras un trabajador temporario, cuando niñxs lloraban de hambre o iban por la copa de leche a la escuela…¿cómo te las arreglabas? ¿estabas adentro? ¿pensabas que te parecías a los ganadores de entonces? Muchxs nos acordamos, o tal vez te sucedió algo similar pero te levantaste gracias al cambio de política y la memoria se te achicó, pero en los noventas remataban los campos y lloraba Norma Pla, ícono de la lucha de lxs jubiladxs, frente al rostro todoterreno de Domingo Cavallo. Cuando en la carpa blanca frente al Congreso se defendía la calidad de las oportunidades que tendría una generación, ¿ibas a una privada? Los desastres educativos y sociales arrasaron con una cultura del trabajo y de los valores, porque no había referencias, no tenía sentido formarse si no había futuro y no te podías ir del país, muchísimxs pibxs padecían, porque padecían sus padrxs y los adultos que los rodeaban, la pérdida de coordenadas de supervivencia: quienes a los cincuenta, a los cuarenta, con el título o sin él, se quedaron sin siquiera la suerte de que mediante el aviso del gran diario argentino, una changa les permitiera llevar algo a la mesa. La dignidad por el suelo. La depresión, la rabia, la burla, la lucha y las balas de la policía o los gendarmes.
El menemismo y el gobierno de De la Rúa no están tan lejos. ¿No te fundiste entonces? Te afectó lo que sucedía alrededor si zafaste o si estuviste “adentro”, en el famoso “derrame”? Decías entonces “roban pero hacen” y por eso no podés dejar de repetir que este gobierno roba - como aquéllos- pero su peor pecado es que “subsidia vagxs”, negrxs de m.., delicuentes? Cuidado, hay que informarse: el estado subsidia los servicios públicos que usás y usamos todos.
A vos que sin leer ni escuchar – porque hay más contenido que las muletillas y generalidades en los discursos-, aborrecés la gestión gubernamental que hace del estado un árbitro, insultás a una fuerza política validada por el voto que se declara francamente no neutral sino afín a las mayorías, y te repugna que ya no se tome como santa la palabra de los economistas que no dicen nada distinto a lo que dice el FMI, te hago una recomendación: revisá lo que hizo el presidente Roosevelt en los EEUU tras la crisis del 29. ¿Sabés que recurría a la radio para hablar a la ciudadanía con frecuencia? Mandatario exitoso en eso de intervenir y usar los medios de comunicación a su alcance, Chávez y su Aló Presidente no es un invento de los populistas bárbaros latinoamericanos.
A vos, te pido que pienses en el incendio del depósito de documentación bancaria de días atrás y que le costó la vida a lxs bomberxs, documentación vinculada a la investigación de fraudes y delitos económicos de los grandes. Que recuerdes las deudas incobrables de La Nación, que averigües sobre la apropiación de Papel Prensa en el 76, que uses la computadora para chequear quienes son los que compran las deudas externasy ganan millones con el hambre de pueblos que no las contrajeron – revisá la estatización de la deuda privada que durante la dictadura, el mismo Cavallo gestionó y que pagamos durante décadas todxs lxs ciudadanxs-, a ver quiénes son las águilas y buitres ligerísimos que la levantan con pala sin laburar, - salvo que rescatemos la especulación es un laburo-, antes de insultar a lxs beneficiarios de la notebook o del plan PROGRESAR para seguir estudiando.
A vos te pido que no te sientas tan envalentonadx, mirá que los que siempre tuvieron el poder real – no el de los votos- no blanquean sus intenciones, porque no pueden, y podés ser un ingenuo vehíxulo de sus maniobras restauradoras de un orden de cosas en las que a la larga o a la corta, también vos saldrás perdiendo, porque perderemos las mayorías. Como dijo Cristina hace dos días, no es ella, no es el gpbierno, somos todxs quienes vamos a volar por los aires si lo logran. Y una de las mejores armas es la memoria flaca, la hipocresía o la inmadurez para asumir de dónde venimos, cuáles han sido nuestras malas apuestas, cuánto nos corresponde de mérito o de responsabilidad.
Tendrá poco glamour controlar precios en el supermercado, o expresar en determinados días, un hartazgo frente al abuso con un boicot.Puede ser. Pero la dignidad es más importante, y esa no se compra ni se vende, ni siquiera en cuotas.