viernes, 31 de enero de 2014

Relato de una apostasía

Necesitaba un día hábil en mi ciudad natal para llevar en mano la carta.La decisión había sido tomada hace tiempo ya, cuando comprendí las implicancias de la membresía a una institución que es una persona jurídica de carácter público. Esto implica que, a diferencia de otras iglesias y credos en la Argentina, ser una persona jurídica de carácter público le otorga a la iglesia católica un estatus excepcional en nuestro marco jurídico. Tiene beneficios comparables a cualquier institución del Estado; sus bienes son inembargables, por citar uno de ellos. Esto contradice los principios constitucionales de igualdad ante la ley y libertad de culto y conciencia, asimismo como lo establecido por los tratados de derechos humanos incorporados a ella. Es un legado del dictador Juan C. Onganía, presidente de facto que dictó la norma en 1968, precisamente, cuando fui bautizada en Gualeguaychú.

La apostasía es la renuncia a la iglesia. Es, además de un trámite administrativo al que cualquier persona tiene derecho, un acto de sinceridad.
La costumbre es bautizar a las personas recién nacidxs. Una imposición antes de que alguien pueda comprender sus implicancias.

Durante mi infancia tomé la primera comunión y la confirmación. Experimenté todas las contradicciones entre un discurso evangélico de amor al prójimo y la hipocresía permanente, la discriminación hacia las personas separadas o divorciadas, la educación sexista “las chicas podemos provocar”, - somos siempre las culpables, como Eva- y todavía ignoraba el horror de la dictadura, bendecida y silenciada por la jerarquía y varixs convencidxs de sotana. Recuerdo que en el 82 me hizo muchísimo ruido el fervor con el que se arengaba por Malvinas. A mis 14 años la sola idea era desmesurada. El cura que me había bautizado, querido por ser el cura “gaucho”, por visitar a lxs enfermos, hablaba en la Plaza San Martín. No digería la idea misma de justificar una guerra justa. Era una mañana fría, los guardapolvos, la bandera, en ese paisaje de uniformes habitual en todos los actos escolares.
Primero fue la crisis de actitudes, con la institución. Siempre tuve interés por la historia y un viejo arisco, pensante. Cuando se informó públicamente sobre la desaparición, el exilio, la tortura, cuando se celebró el histórico Juicio a las Juntas, ya me marchaba a otra ciudad donde intentaría comprender, saber, ¿cómo pasó? ¿cómo se permitió?. Todavía intento indagar y plantear las preguntas. Por eso el amor a la filosofía pero además, la perseverancia en una construcción de la memoria que nos asegure el nunca más. Hacer un piso para todxs y lxs que vienen. Sigo trabajando como tantxs otrxs, por la justicia, por saber, por escribir las historias silenciadas y negadas. Por dilucidar cómo se disciplinó a una sociedad de varones y mujeres obedientes a un modelo preciso.
La crisis con la fe, la idea de dios, la religión, vino de suyo. Condimentaron esos años la intolerancia repetida para con la libertad de pensamiento, el divorcio, su negación de las atrocidades cometidas por siglos, su cercanía al poder. La propia historia de los cristianismos disidentes y la violencia de la imposición por el fuego y la espada. Es coherente, hay que reconocerle. Del lado del poder con un discurso que nunca se embarra de historia. Hablando desde un lugar neutral y superior al contexto político cuando está privilegiada por políticos, sean militares o civiles, privilegio que le permite hacer presión antidemocrática.



Después de todo, cuando hubo compromisos como el de hacer el reino de dios en la tierra, la misma institución que hace valer sus bautizadxs para demostrar su representatividad y su peso en la sociedad, lxs persiguió y lxs entregó. Recuerdo la Biblia Latinoamericana censurada. Supe después lo que significaban tantas frases escuchadas entonces y qué sentido tenían en esos años de horror.

La apostasía es la renuncia a la iglesia. Es un trámite administrativo al que cualquier persona que lo desee tiene derecho. Además se trata de un acto de autenticidad que hoy por hoy debería ser masivo, si es cierto que tantxs ciudadanxs argentinxs están a favor del matrimonio igualitario, el uso del preservativo, de la educación sexual, de la libre elección de su género, de la no injerencia de la religión en la escuela pública, de que se enseñe la teoría de la evolución – en primer año de antropología en la UNLP, en el 85, docentes aclaraban las cuestiones de fe y las de la ciencia!!!- así como de que tengamos un Estado verdaderamente laico.Que no tiene nada que ver con la fe es una redundancia. Cada unx tiene el derecho de tenerla y también de no tener ninguna.

Podríamos hacernos las siguientes preguntas: ¿profesás la religión? ¿sos consciente del poder que resulta de esos actos que se hacen por costumbre, por cultura? ¿sabés de cuántos impuestos están exentos?¿que sus discursos y lobbies en lo que afecta a las vidas de personas que sufren la falta de políticas públicas como el derecho al aborto no punible, son gravemente afectadas por la actuación de entidades y personajes que con mucho dinero y poder, hablan en tu nombre, al ser miembro de la iglesia?¿Cuánta gente murió en los tiempos de la inquisición, y cuántos silenciosamente padecen lo que se hace en nombre de dios, cuántos dolores hoy se multiplican en nombre nuestro, o de lo que sostenemos? No olvidemos lo terrenal, nunca, para calibrar responsabilidades.

Llevé personalmente,el pasado miércoles 22 de enero,la carta al Obispado. El muchacho que la recibe empalidece y parte a entregársela a alguien. Espera. Había ido acompañada por una testigo singular, alejada de estas cuestiones. Vuelve entonces un sacerdote de altura importante que blandiendo la carta se presenta diciéndome “esto… pero esto…esto no…antes que nada, el Obispo no está.” “No importa, es un trámite que se dirige al Sr. Obispo, solamente necesito que me la reciba y me selle una copia por favor”.

Tras unas frases de tanteo de la situación, se vuelve a meter en la oficina y pasan algo así como diez minutos más. Pensamos, por un momento, que estaban buscando la partida de mi bautismo, a la que se debe poner una enmienda, una notación de la renuncia al margen, explicitándola. Pero no.Fui invitada a pasar a la oficina con mi acompañante y a leérsela a quien supe luego, - le pregunté varias veces su nombre, después de entregarle mi documento y leerle los artículos de derecho canónico, de la Constitución Nacional, de tratados de DDHH y de la ley de hábeas data que fundamentan la obligación de dar curso al trámite-, era el Secretario Canciller.En ese momento nos estábamos “midiendo”. Fui todo lo paciente y cordial como para que no se hiciera más largo. Un ablande era imposible, lo notó enseguida, así que se centró en que sería dificilísimo encontrar la partida – esa es la tarea y función de esa oficina-, que no estaban especificados más datos – solamente el año aproximado y la diócesis correcta bastan para comenzar el trámite-, que el plazo legal de cinco días era imposible de cumplir… que si tal cosa, que si tal otra… Mencioné otros datos que no había puesto en la carta por no tener certeza plena, cosa de que no sirvieran como excusa para dilaciones.Conversamos, por momentos se iba de tema. Hablamos del barrio donde vivo en Bs As, - constituí domicilio legal aquí para manejar el tema vía postal- y escuché todo tipo de dificultades hipotéticas que se presentarían. Le recordé que no tengo que hacer yo el trabajo de buscar la partida, y que no puede ser que no conste, ¿no es función de la oficina? ¿Cómo, no llevan los registros adecuadamente? Imagino que a más de uno habrán intimidado así, desde ese tono neutro del poder que tiene de sostén, precisamente, esos registros con los cuales justifica la iglesia su representatividad ante, por ejemplo, los poderes públicos, la opinión pública, los debates más sensibles que se dan en foros internacionales y que determinan posibilidades e imposibilidades concretas para la gente. Se alargaba la cosa y se volvia sobre detalles. De lo doctrinario, ni mu. Estaba claro que la decisión era firme y consciente. El hombre no se gastó en disuadirme por ese lado. Quizás era la sorpresa, aunque no he sido la primera ni seré la última persona que inicie este trámite de apostasía allí. O puede que estén tan acostumbrados a no ser sorprendidos, como en una mañana de enero tan calurosa, ahora que hay un papa argentino. ¿Puede quebrarse lenta pero inexorablemente, la inercia cultural irreflexiva que hace que demasiados ritos les aseguren tanto poder por mecanismos que esos fieles ignoran? ¿Charlarán en las catequesis contemporáneas sobre la apostasía?¿Sabe la feligresía? ¿se enteró? Repetir sin detenerse a pensar es fácil pero también es cierto que décadas atrás, estas acciones eran impensables para ciudadanxs comunes como quien escribe. Y que ser mujer agrega un matiz no despreciable.


Décadas atrás la reputación de una mujer era más importante que sus sentimientos, su ética o su conducta misma. Para las sotanas hay otra vara, y si no preguntemos cuántos abogados se han pagado para defender a los curas denunciados por pedofilia. Lo importante es preservar una imagen. Así se logra éxito o una vida tolerable. Pero hay gente que no se banca este modo de vida. Las mujeres están corriéndose de lugar, lenta pero inexorablemente. Algunas brujas feministas, historiadoras, políticas, activistas, las católicas que luchan por el derecho a decidir. Curas y monjas que trabajan con otras confesiones, y son críticos de la doble moral. Mujeres y jovencitas que saben que al dogma lo impusieron varones y que leen otros sentidos en los textos sagrados. Artistas. Mujeres que salieron a la calle a luchar por una vida digna y cortaron las calles y organizaron sus barrios, que aprendieron a no quedarse atrás. Militantes de derechos humanos, las Madres y Abuelas que reclaman que declaren lo que saben y se guardan durante el terrorismo de estado, que entreguen la documentación sobre lxs chicxs apropiadxs. Muchísimas personas que se hartaron de la violencia contra gays y lesbianas, del lobby contra la educación en salud, que siguen siendo creyentes pero escuchan a otras voces de la iglesia que no solo hablan y rezan sino que practican el respeto al otro y en vez de juzgar, defienden a los discriminados para ser exonerados de su cargo por la institución. Pregunten por Alessio, y tantos otros.

Cada 24 de marzo se realiza una apostasía colectiva como repudio a la actitud de complicidad criminal que mantiene hasta hoy la iglesia católica en Argentina.

Pero se sigue con la ceguera, al parecer. Será la seguridad, la soberbia, la costumbre…El remate de este cuento de mi apostasía quizás era inesperado, o pensándolo mejor, era el que no podía faltar. La frase cuando me retiraba por fin de la casona a media cuadra de la catedral San José, con la copia en mano firmada por el Secretario Canciller. Tras una hora demostrando que comprendía perfectamente la decisión, la formalidad, la obligación de ellos de terminar el trámite que me retira de la iglesia, con la calma y la diplomacia de la conversación sobre los plazos, los comentarios “para ayudar”, el respeto… tras la despedida con el apretón de manos, le sale la pregunta, cuando ya le daba la espalda rumbo a la vereda soleada que hería la vista:

“A usted no la estarán chuzando para hacer esto?”

Si se puso a averiguar sobre la peticionante, leyendo posts de este blog tendrá para leer lo que en tantas ocasiones he argumentado contra la interferencia clerical en nuestra ciudadanía; señalamientos a incongruencias del dogma que hasta ahora sigue como siempre – no confundir los gestos de Bergoglio con una modernización o revisión de lo sustancial-; la denuncia por el pertinaz menosprecio por las mujeres que profesan y diseminan. En parte, lo lamenté; habíamos pasado más una hora de entrevista. Ceo que se le escapó después de la conversación tan cuidada, eso de que a una mujer hay que “chuzarla” porque no puede pensar por sí misma o tener los ovarios para destinarle un día hábil en una ciudad donde ya no reside al ejercicio de un acto de honestidad. Después de todo, es un simple trámite burocrático: demandar el cumplimiento de una obligación que tienen, la de retirarme formal y legalmente, de sus filas, porque si bien hace años que no piso un templo como creyente, mi pertenencia formal continuará siendo aprovechada por la institución hasta el día en que reciba la fotocopia de mi boleta de bautismo con la anotación de la renuncia.

Me causó gracia lo de “chuzar”… seguramente es lo que tienen en la cabeza cuando adoctrinan para la intolerancia a las mujeres que envían a los Encuentros Nacionales para impedir las discusiones, y que nos gritan “asesinas” por reclamar la legalización del aborto. Seguramente, como hace treinta años hablaban a las adolescentes, les siguen repitiendo que una mujer buena no tiene que reclamarle a su pareja preservativos.. y tal vez por eso las primeras consecuencias en Argentina de la ignorancia y los prejuicios alrededor de la epidemia de sida fueron que muchas buenas y confiadas esposas resultaron infectadas. Pasaron muchos años y estoy segura de que las chicas aunque escuchen que el sexo es para el matrimonio y la procreación, tienen otros cuidados y otras prácticas, indagan en lo que no se les enseña. Y claro… cuentan con leyes para la educación sexual, por más que se las boicoteen en muchos distritos. Cuando era adolescente otro era el panorama. Cundía el silencio y reinaban los prejuicios más ridículos peor con un poder impresionante. Ahora, de todo se habla. De lo que solo en el confesionario quedaba a merced del cura, se habla con alguien de confianza. El miedo y la culpa van cediendo y hay otros desafíos y preguntas difíciles. Ese es un logro de treinta años de democracia y de luchas contra el sentido común y lo establecido. Ellos atrasan demasiado. Y tienen demasiadas cosas para perder si cada vez más apostatas arreciáramos con trámites y demandas de libertad. Seas creyente o atex militante.