martes, 27 de agosto de 2013

Libertades, derechos, golpes blandos y una cita en tribunales

Mañana, la cita es en Tribunales. Como tantas otras veces en estos años en los que el poder fáctico no se confunde con el gobierno.
Sabemos que los golpes de Estado en esta época “son diferentes” a los que dieron los militares en los 70: se dan en un escenario de desestabilización permanente digitados desde algunos medios de comunicación, vocerías políticas de partidos derrotados en las urnas. O mejor dicho, inventores de candidaturas líquidas, sin sustancia, con un discurso antipolítico que encubre a la perfección su ideologíaliberalautoritaria. Y digo liberalautoritaria porque plantea una igualdad desde la posición privilegiada, de manera que lo más importante es la libertad abstracta, la que no tiene en cuenta la posición de cada uno, por lo cual a las corporaciones no puede obligárselas a ceder un palmo de los privilegios.
Nosotrxs tenemos la libertad de no tener voz o de morirnos de hambre o de ceder bajo amenaza de tortura, acciones para que tengan el monopolio de la fábrica de papel.
O somos libres de ser deudores crónicos de una deuda que nos condiciona el presente y futuro de nuestros hijxs…
Terrorismo medíático, los golpes suaves o blandos: esos que los medios ejecutan creando escenarios de desestabilización, minimizando cualquier avance, distorsionando los datos, difamando funcionarios impunemente, gracias a la concentración y el poder de replica de un mensaje único.
Por eso a mañana hay que poner una vez más, el cuerpo en la calle.

Como dice el compañero de Radio Gráfica Ariel Wainman:

“lo que está en juego es la desconcentración efectiva de los medios audiovisuales. Porque la comunicación y la información es un derecho popular y no un negocio que las corporaciones pretenden inviolables en nombre de "la libertad de expresión". El derecho de las organizaciones sociales, comunitarias, sindicatos, organismos de Derechos Humanos, cooperativas, radiodifusores y productores de contenidos de micro y pequeñas empresas de arraigo local, pymes, pueblos originarios, universidades, de acceder a medios audiovisuales propios en igualdad de condiciones de emisión respecto de los medios de grupos económicos. Quienes en todos estos años hemos demostrado que podemos construir comunicación con calidad y rigurosidad periodísticas y hemos atesorado un valor que reconocen nuestras audiencias: la credibilidad.
…con la audiencia, la Corte procura alargar un debate que se inició hace treinta años y que la Coalición por una Radiodifusión Democrática plasmó en los 21 Puntos básicos para la democratización de las comunicaciones en 2004 y en un proyecto de ley elaborado en asambleas, foros y movilizaciones en todo el país y que fue presentado al Poder Ejecutivo en el año 2008.”


Por eso mañana estamos en Tribunales. Porque defendemos la democracia y sabemos que los golpes blandos, los contemporáneos, se hacen desde los estudios de televisión y desde las páginas de los multimedios concentrados, creando escenarios de desestabilización y distorsionando sistemáticamente los datos sobre los cuales interpretamos, de manera diversa, la realidad.
Como hay muchas perspectivas, la concentración resulta en los hechos la lesión al derecho a la comunicación que está consagrado en la legislación que no creó este gobierno, sino que se elaboró durante años desde las organizaciones sociales. Es la ley más comentada. Y es una ley aprobada hace casi cuatro años por el Congreso de la Nación. Un desequilibrio lesivo para la tan mentada república es el que hace que la corporación socia de los genocidas se mantenga al margen de la ley, gracias a jueces que ignoran la ley.

Mañana, en la calle, defendemos la república y las instituciones. Luchamos contra la corrupción que resulta de asimilar los intereses corporativos a los intereses de “la nación”(más bien son los de La Nación, el guardaespaldas del país mitrista).
Mañana estamos, quienes desde los medios populares venimos remando para horadar los relatos únicos, que se presentan como “los” relatos, cuando son uno entre tantos, tan teñidos de intereses y valores como los nuestros.
Como ese poder judicial que se pretende por encima de las coyunturas y pone en pie de igualdad a las corporaciones y a la Constitución Nacional, a los poderes que nos representan y a quienes las utilizan para su propio beneficio. Un poder que desoyó otra norma votada en el Congreso, justamente, la que la igualaba a los otros poderes en el acceso democrático frente al nepotismo, en la obligación de presentar declaraciones juradas…
Es una guerra solapada. No es una guerra contra un gobierno, es una puja contra las instituciones y los gobernantes que se eligen para que representen esos derechos que el estado debe garantizar.
La defensa de la Ley de Medios es la defensa de la democracia.