jueves, 7 de febrero de 2013

Agarrate Mr.Músculo... herramientas contra la violencia mediática

"Agarrate Mr. Músculo..." es una expresión que da cuenta de cómo se experimenta un aspecto, no menor, de la violencia hacia las mujeres y que imagina otro paisaje cultural donde estos comerciales ya no se dejen pasar así nomás. Hablo de la violencia de un tipo de mensaje quizás para algunxs mínima si comparamos el comercial de artículos de limpieza en cuestión con otros mensajes que ofenden brutalmente y sin eufemismos. Puede ser. El superhéroe que soluciona el problema de la mujer ama de casa con su irrupción en el baño o en la cocina, no parece tan intolerable como los shows mediocres de horario central donde se recortan las polleras de las bailarinas. Concedo. En parte, Diría que tenemos aquí una cuestión de grados en la forma de tratar de manera degradante al género. O que existen distintas sensibilidades a medida que los valores que se implantan por distintos mecanismos, se sacuden y se transforman. Aunque lleve varias generaciones y no pocas luchas. Y a veces, los tiempos se aceleran.

Contamos desde hace poco con una herramienta para defendernos de la violencia mediática sutil o explícita y que no tenemos que tolerar ni permitir más. Se trata de un esfuerzo de difusión de entidades públicas a nuestro servicio , de legislaciones vigentes y de una cooperación de todxs en el día a día para hacer posibles otra comunicación y también otras relaciones basadas en la equidad y el respeto, en consonancia con el espíritu democrático de la ley de medios elaborada por tantos sectores. Una ley que a pesar de la vergonzante actitud de la Justicia que protege al grupo hegemónico que se resiste a la adecuación exigida por la norma, está en vigencia en prácticamente todo su articulado desde su aprobación por abrumadora mayoría allá por 2009. Su ente de aplicación es la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (AFSCA) y además, establece la creación de una Defensoría del Público, lo que se implementó con la designación de Cynthia Ottaviano al frente de la misma en octubre de 2012.

La Defensoría del Público tiene la función de recibir y canalizar las consultas, reclamos y denuncias de todxs lxs usuarixs de readio, televisión y los demás servicios regulados por la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.

Las denuncias ante la Defensoría del Público pueden ser presentadas por cualquier ciudadanx personalmente, a través de un correo electrónico a:

contacto@defensa delpublico.gob.ar, en la página web:http://www.defensadelpublico.gob.ar/contacto.php.

Es muy importante señalar que la Defensoría también puede actuar de oficio, es decir, sin que medie denuncias de ciudadanxs ante un hecho de violencia mediática.


Los medios y las violencias

Cuando nos alarmamos por la brutalidad y la aparente sinrazón de las muertes de mujeres y sus hijxs a manos de parejas, ex maridos o novios, debemos traspasar el shock y la sensación de impotencia para pensar y buscar todo aquello que lo favorece, lo induce o lo tolera en nuestras prácticas cotidianas. Esto no significa que toda persona que crea que las mujeres no son iguales en dignidad o en capacidad a los varones sean potenciales femicidas, ni tampoco quiere decir que solamente los varones son violentos y machistas. Me refiero a una serie de valores que impregnan nuestra cultura, que se aprenden no solamente en lo que se dice, se lee, se escucha, sino en lo que mostramos con nuestras conductas.

La subordinación de las mujeres o la limitación a ciertos roles nos son inculcados de múltiples maneras, y las vamos haciendo carne casi sin percibirlo. Desde chiquitxs, si las nenas sueñan con ser princesas o si su destino es casarse y tener hijxs, la importancia de su educación se subordinará a esa tarea amorosa, la que se justifica por la sensibilidad particular o el apego al cuidado de lxs otrxs, como si estas características no fuesen imitación de lo que se ha visto en los modelos con los que se va creciendo. Proliferación de imágenes de mujeres que en casa se dedican en exclusiva al cuidado de sus hijos y marido, hacen a este universo simbólico. Espacios repartidos para juegos en los que los chiquitos tienen que utilizar los autos, las pelotas, los juegos competitivos, van moldeando el rol del varón proveedor, que sale al mundo para ganarse la vida, en un esquema complementario con el rol puertas adentro de las mujeres.

Se nos dirá que los tiempos han ido modernizándose y que las fronteras entre la casa y el mundo del trabajo se fueron haciendo menos rígidas. Concedo, las mujeres salen a trabajar o a estudiar y completar su formación académica, pero esto no las ha relevado del rol de cuidado de la familia que pocas veces puede compartir con varones, sea marido o hermanos, o hijos, con lo cual se multiplican las horas de trabajo y la exigencia a veces esquizofrénica de ser muchas mujeres en una.

Estas presiones afectan a todas las personas, también al varón que no debe llorar o que debe ganarse el respeto de sus pares demostrando esas cualidades de "macho" del modelo depredador. Obviamente, el problema es que en esas atribuciones de roles a unas y a otros las mujeres ocupamos un lugar subordinado; nuestro trabajo no es considerado de la misma calidad, o el del cuidado no es visto como trabajo ( no crea valor) o bien, encubierto por la pátina de la dulzura y el amor que lo naturaliza para hacerlo una expresión de una naturaleza femenina. Si el varón despliega alguna de estas funciones se lo ve todavía como bicho raro, o se lo enaltece como si "colaborara" con lo que supuestamente corresponde a la mujer.

Cuestionar o repensar que un piso de equidad para elegir algunos caminos vitales, como una profesión, a quién o cómo vamos a amar, si deseamos tener descendencia, está sin dudas condicionado por estos roles. La perspectiva de género nos sirve para desnaturlizar y colocar una pregunta, una posibilidad de mover lugares fijos, de descubrir cuánto de prejuicios hemos heredado socialmente. No quiere decir ésto que se cambie de un día para el otro o que lsa leyes terminen con situaciones de discriminación. A las prácticas las impulsamos o las condenamos colectivamente.

Vamos desarrollando con el tiempo, otras sensibilidades. Puede que todavía pase como si nada, que un programa de televisión se base en la utilización del cuerpo de las mujeres convertido en objeto, en que el humor pivotee en la descalificación de las mujeres a las que se las piensa como santas o putas - referidas a su relación con el varón que las considera de menor valía -, que los comerciales de juguetes inoculen el consumismo con los estereotipos de las princesas y el juego de te para las nenas y las armas, autos y juegos de video violentos para los nenes: dependerá del filtro de adultos concientes o no de ese tipo de educación indirecta poner freno o consentir los modelos que transmiten. Puede que todavía unx se sonría con comerciales de cerveza que se burlan de las nuevas posibilidades que intentan las parejas de convivir compartiendo roles; puede que por muchos años más, nos machaquen con imperativos de no arrugarnos, de no tener celulitis ni kilos de más para continuar entronizando la mujer-figuradecorativa-adorno, sin otorgar importancoa a sus ideas, a su formación - ni alentar a que la tenga-, y sobre todo, insistiendo en un ideal de belleza casi siempre inalcanzable porque es uno entre muchos posibles.

Existen buenos ejemplos también.

La violencia surge del efecto del comercial de artículo de limpieza dirigido a mujeres a las que conciben como si solamente pudieran tener en la cabeza la preocupación de dejar brillando el inodoro.
Cualquiera puede limpiar los inodoros. No solamente las mujeres ni el ama de casa. Indigna la puesta en escena de la degradación de la mujer a un rol que no siempre elige, y que exaltando este tipo de tarea, no deja lugar a otros aspectos de su vida.
Pocas imágenes publicitarias muestran la solidaridad entre mujeres. Competimos entre nosotras, por ofertas de un supermercado o por un hombre en una telenovela.
Competimos, si se nos muestra en esos otros roles que tanto costó a las generaciones pasadas conseguir, la función pública, el trabajo, mostrando que somos malas y quasi venenosas en esos ámbitos que antes estaban reservados a los varones, ("porqué no nos quedamos en casa entonces?").

Somos malas y "argolludas" si ejercemos una sexualidad con libertad, si cambiamos demasiado de compañero, si nos negamos a ser madres. Espanto, resistimos lo que se valora como "lo más sublime".

Aunque se haya recorrido un largo camino en pocos años, todavía el lesbianismo y la homosexualidad son motivo de sospecha - y por eso la burla y el desprecio- a la hora de pensar a esas personas como iguales en cuanto a su capacidad de ser madres o padres, porque se cuestiona la institución familiar clásica. Mamá, papá hijos, capaces de reproducir esos roles de los que venía hablando, presentados como el modelo de la sociedad, con respecto al cual otro tipo de familia es una aberración o una mala y degenerada copia.

Consideremos el poder de los medios de comunicación para reforzar o debilitar lo que lleva tanto tiempo instalado y muta a veces para adaptarse a los intentos de cambio y continuar estableciendo estos modelos de varon mujer en nuestra sociedad, modelo injusto y patriarcal que tiene mucho que ver con otras preocupaciones: inseguridad, pobreza, explotación, maltrato, discriminación, abuso.

Hablamos de patrones socioculturales, esos que nos atraviesan desde el nacimiento, que están presentes en todas las relaciones que entablamos. Que tenemos que visualizar en sus dimensiones opresivas, aún cuando no nos toque a nosotrxs el lugar desfavorecido. De allí la importancia de que los varones, heterosexuales o no, asuman con el resto la tarea de hacer posible otro mundo donde haya respeto, equidad y lugar para todas las personas, precisamente, porque son capaces de revisar el lugar privilegiado pero que los aprisiona también en un tipo de masculinidad entre muchos otros que se quiere presentar como natural, cuando ha sido sedimentado por siglos.

Tenemos en la Argentina una ley que no solamente tipifica las violencias sino que se ocupa de sus modalidades de ejercicio:

Se define como violencia mediática en la Ley 26.486 de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres en los ámbitos en que se desarrollen sus relaciones interpersonales, a la publicación o difusión de mensajes o imágenes estereotipados a través de cualquier medio masivo de comunicación, que de manera directa o indirecta promueva la explotación de mujeres, o sus imágenes, injurie, difame, discrimine, deshonre, humille o atente contra la dignidad de las mujeres, como así también la utilización de mujeres, adolescentes y niñas en mensajes o imágenes pornograficas, legitimando la desigualdad de trato o construya patrones socioculturales reproductores de la desigualdad o generadores de violencia contra las mujeres.(art. 6)

La ley prevee, - así como la Ley de Servivios de Comunicación Audiovisual, que retoma los postulados de las normativas antidiscriminatorias elaboradas en un Plan que se delineó ni bien asumió Néstor Kirchner la Presidencia de la Nación- , mecanismos concretos para velar por el derecho de las personas a no ser discriminadas ni reducidas a objeto, a no ser agraviadas ni víctimas de los estereotipos.

La Defensoría del Público que se desprende de la Ley de SCA va en este sentido.

A propósito de la denuncia de la Diputada Nacional Julia Perié contra Alfredo Abrazián - quien insultara en su programa de radio en Posadas a las participantes del último Encuentro Nacional de Mujeres y a Perié en forma personal-, Cynthia Ottaviano afirmó que : “Es necesario reflexionar sobre cómo al insultar y descalificar se ratifican prejuicios. El agravio como forma de clasificación supone una inferiorización del otro, cuando la defensa de la persona humana, propuesta por la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (LSCA), reconoce al otro como un par.”

La formación y la educación son claves, tanto para esta Defensoría como para quienes tenemos la potestad de cambiar de canal o de señal radial. Es siempre preferible apostar a la pedagogía; pero si hay que denunciar, se cuenta con una herramienta que tenemos que conocer y utilizar.

Si bien comenzar a desarmar tanto andamiaje lleva mucho, cuando se empieza a transitar la tarea no se vuelve atrás. Y nuestra sensibilidad se agudiza. Lo que ayer era chiste, hoy ofende. Y está muy bien que sea así, porque la violencia extrema de los feminicidios se conecta con la violenta degradación de las mujeres en lo simbólico, que sedimenta imperceptiblemente en la formación de niños y niñas. Lo simbólico es funcional además al negocio millonario de la publicidad, de la explotación de las mujeres en la prostitución o la trata. Contribuye decisivamente a hacer de las adolescentes meros envases para conseguir así fama o dinero, o un buen candidato para casarse. Miremos telenovelas y comerciales con un poco de agudeza. Comparemos contenidos. Indignémonos lo que obstaculice y apoyemos lo valore positivamente relaciones democráticas. Y entonces estaremos haciendo muchísimo por cambiar las cosas, quién sabe cuánto más que el endurecimiento de las penas, para terminar con episodios horrorosos de los cuales nos sorprendemos como si salieran de repente, como de una pesadilla ajena.

Vaya si es serio esto de lo simbólico para perpetuar lo establecido que si es percibido como histórico, capaz de ser modificado, pierde su lugar de inmutable y su "naturalización", en nombre de la cual se perpetran tantas violencias e injusticias.

Agarrate, entonces, Mr. Músculo...publicidad sexista, violenta y discriminatoria, y todo aquel contenido que nos humille. Conozcamos y difundamos la ley y esta Defensoría del Público que está a nuestro servicio.