lunes, 23 de agosto de 2010

Ninguneos

Expresión efectiva del menosprecio, de la superioridad desde la que se pretende estar, es lo que llamamos el “ninguneo”. Ignorar, por ejemplo, a alguien que habla, desentenderse de su presencia, hacer como si no existiera. Desconocer sus acciones y logros. Una actitud que habilita la supresión del/la ninguneado/a.

Miles y miles de protagonistas cotidianos son ninguneados/as en sus gestos solidarios. Miles fueron ninguneados desde gobiernos que destruyeron la industria nacional, dejando sin trabajo a una masa que no tenía alternativas para reinsertarse en una actividad que les permitiera subsistir. Miles de dólares fluyeron de los bolsillos de empresarios cómplices de este desguace para adornar a sus mandaderos funcionarios, y muchos miles más se evaporaron al exterior. Incontables familias no fueron consideradas como seres humanos dignos de comer, vestirse, educarse y atenderse. Miles y miles de viejos y viejas fueron abandonados y sus aportes jubilatorios se licuaron en manejos financieros, al tiempo que, sin trabajadores, se hería de muerte la estructura previsional.

Unos pocos cientos, sin embargo, ganaron fortunas con la faena : sin mostrarse, amasaron un poder inmenso. Ganaron con el endeudamiento externo, con la especulación financiera y con los negocios resultantes del remate de las empresas estatales; de la noche a la mañana compañías fantasmas facilitaban la evasión impositiva. Inversores extranjeros se instalaron a ganar fortunas sin generar trabajo para los ninguneados, sin problemas para fugar sus rendimientos, sin que regulaciones serias les estorbaran.

Países y personas ninguneadas, de otra categoría - como en la época colonial-, nutrían esta estructura asimétrica e infame. De tanto en tanto, cuando no quedaba más que perder que la vida, algunos estallidos de protesta coronaban con muertes violentas el proceso, porque en realidad, la muerte lenta y silenciosa de tantos y tantas era cosa de todos los días. La inseguridad : eso de no saber si podré comer mañana, si podré dar de comer a mis hijos/as, si podré dormir debajo de un puente, si caeré por portación de cara bajo la bala de la policía.

Inseguridad jurídica, decían los supuestos expertos en economía, era poner control a cualquier accionar de los capitales privados nacionales o extranjeros; era no pagar intereses de una deuda impagable e ilegítima, con la que seguían ganando dinero quienes la habían generado. Inseguridad era intervenir desde el Estado, ya a este punto, grotesco y paralítico : transformado en una herramienta para la producción de ganancias de pocos y miseria de mayorías.

Los medios concentrados hicieron la tarea de instalar justificativos a la situación a medida de los gerentes. Se denigró a la política al extender la corrupción de los que habían hecho el trabajo sucio, a toda forma de participación y de interés por recuperar el rol del Estado; se desalentó la participación mediante formas novedosas. Se mantuvo ajeno el vínculo entre los ganadores y la gestión votada en elecciones, empleada por ellos. Se construyó la figura demoníaca de la protesta social- delincuente. Se instaló la desconfianza de todos/as contra todos/as y la protección de la propiedad privada con un celo obsceno frente al ninguneo de la vida desprotegida.

Desde el año 2003, gestos claros desde el gobierno alentaron y abrieron un espacio a la movilización que ha ido empujando un proyecto inclusivo. Se plantearon entonces nuevos desafíos, se cayeron velos que empezaron a exponer estos vínculos antes secretos entre magnates mediáticos, latifundistas y políticos de principios volátiles.

La memoria se construye, y hay memoria selectiva. Podríamos preguntarnos por el sentido de los ninguneos de hoy. Como la articulación inédita de los países latinoamericanos, ninguneados desde siempre, para moverse desde un lugar digno y fuerte en el mundo globalizado. Integración que no subsume las diferencias sino que las potencia en función de intereses comunes, a diferencia del ALCA. Hace dos años Unasur respaldó a Evo Morales en Bolivia con las presencias de las presidentas de Chile y Argentina y los presidentes de Ecuador, Brasil y Venezuela en medio de la intentona golpista. Ahora, la mediación de Unasur ha permitido encarar de manera nueva las relaciones críticas entre Venezuela y Colombia. Novedad en la región,
ninguneo mediático.

Jauretche señaló magistralmente cómo la madre de las zonceras argentinas fue la oposición entre la civilización y la barbarie. Lo indígena como bárbaro, debía ser arrasado en nombre de una civilización trasplantada. No era mixtura, era instalar Europa en América sin ahorrar sangre de gauchos porque lo autóctono sólo significaba atraso. Todavía ahora, cuando festejamos un Bicentenario, la autodenigración es alentada por el discurso que insiste para fomentar los lamentos y quejas de “este país de m...”.

Indagar el porqué del desmembramiento de lo que fuera el Virreynato del Río de la Plata, las causas de la guerra con el Paraguay, los réditos de la Campaña exterminadora del Desierto, los motivos del exilio de Artigas, la desobediencia de San Martín, y antes aún... saber de las revueltas de caciques y negros contra españoles y portugueses, está pendiente. Conocer cómo nos hemos extrañado los pueblos latinoamericanos los unos de los otros para ser explotados y denigrados es imprescindible.

A pesar del ninguneo, los/as presidentes líderes de esta integración del Cono Sur son vitoreados/as en nuestras calles. EL CEO de Clarín puede ir preso por arrancar acciones de Papel Prensa a una detenida ilegal.

Quien quiera oír que oiga... o meta la cabeza en la tierra, como el avestruz.