sábado, 12 de junio de 2010

La fragua de las verdades

Comenzó un mundial de fútbol en África...Una oportunidad para pensar algunas cosas.En la belleza de un continente cuya esclavitud permitió la riqueza del mundo capitalista. Belleza de la música que nos ha dado en la tierra americana colonizada... música como el jazz, el reggae, los incontables géneros de Brasil. Música nacida como un clamor de liberación.

La América fue expoliada, sus grandiosas culturas exterminadas. ¿Cuántos o cuántas sobrevivieron y de qué forma? ¡Qué poco sabemos de esto! Nuestra tierra se nutrió con aquellas víctimas africanas que trabajaron en las plantaciones en estado de esclavitud. Fue uno de los negocios más lucrativos de los que se tenga noticia.

Todavía engrosan las listas de los condenados a muerte, son mayoría en las cárceles de EEUU. Todavía se repite "negro de mierda" como insulto sin pensarlo.

Todavía ignoramos la carga de sentido de una palabra como "denigrar", no nos hace ruido la distinción entre "trabajo en blanco" y "trabajo en negro". Vivimos entre corrientes de racismo sutil que pocas veces se expresa en toda su dimensión.

Quizás sea ya tiempo de comenzar a reconstruir esos otros relatos, esos otros rostros del mundo. Sacudiendo los prejuicios. Tejiendo fragmentos. Remontando un olvido para el que se hizo mucho.

Es verdad que no hay una version única de los hechos, pero eso no implica que cualquiera sea válida. No adoptar un punto ordenador único permite abrirse a las distintas miradas e interpretaciones -todo es interpretación, afirmó Nietzsche- para hacerse cargo entonces de ese lugar desde donde evaluamos y conocemos, desde donde producimos verdades, las nuestras. Claro, eso supone el esfuerzo de defender esa mirada contra el autoritarismo o el dogmatismo de quienes se instalan en "la" verdad.

Es por eso también que no tiene ningún sentido hablar de una historia objetiva o de un periodismo independiente. A menos que con esas palabras se describa la actitud de asumir desde dónde se elabora una visión o un discurso sobre algo, haciéndolo explícito, para entonces presentar todos los argumentos que defiendan nuestra posición y dejando a quien corresponda, el espacio para juzgar. Eso sería responsabilidad, eso sería honestidad hacia la tarea de narrar.

Los discursos construyen mundos, alimentan prejuicios, oscurecen todos los aspectos en los que no se enfocan.

Alguien podría objetar entonces que no se puede luchar por "verdad y justicia" en relación a los crímenes como las desapariciones, sobre la identidad de las criaturas apropiadas por los represores. No, no, no, nada de eso. Porque si transcurrieron tantos años de impunidad, como tantos años de apartheid y racismo, masacres y violencias constantes, es porque una articulación de verdades las fundamentaron y las legitimaron. Porque una versión triunfante de la historia silenció las otras que resistieron, coexistieron y produjeron nuevos escenarios.

En 1986 Víctor Heredia compuso "Taki Ongoy" y se produjo un escándalo. Él manifestó que era la versión de los vencidos. Hace unos pocos años, dos jóvenes - una de ellas nieta de un cacique toba- lanzaron un álbum de música toba electrónica, "Plegaria del árbol negro". En estos días, la bandera de los pueblos originarios está junto a la argentina en muchas fiestas, y se ha hecho familiar. Por algo los patéticos funcionarios de la gestión macrista censuraron los materiales sobre el Bicentenario elaborados por docentes porteños. En los mismos se había incorporado en el relato a los/as excluidos/as de siempre en la mayoría de los libros de historia que se ofrecen en el espacio privilegiado de la escuela, dada su influencia duradera: pobres, mujeres, indios y la población negra.

Una cosa es la "verdad" y otra cosa es el régimen de producción de la verdad. En el conflicto de las verdades, en el interior de ésa tensión estamos. Y la justicia que podamos hacer, la libertad que podamos conseguir, se juega en esa fragua.