jueves, 25 de noviembre de 2010

No a la violencia contra las mujeres


Femicidios.
Discriminación.
Violencia verbal.
Violencia psicológica.
Violencia laboral.
Trata.
Violación
=
Violencia de género:
Contribuimos a ella cada vez que toleramos, callamos o miramos para otro lado y naturalizamos los atropellos.
La fomentamos con el consumo de publicidades degradantes en las cuales la mujer es presentada como un pedazo de carne, un adorno, un botín.Cuando insultamos mentando a la madre o la hermana, y nunca a un padre o un hermano.
La premiamos con la impunidad del encubrimiento o la naturalización con el pretexto de que se trata de "problemas de pareja" que solamente deben resolver él y ella, sabiendo que no existe la posibilidad de un respeto mínimo, que se trata de victimario y de víctima.
La favorecen fallos judiciales que no castigan y que permiten su continuidad.
La profundizan las prácticas de algunos ámbitos en los que las víctimas denuncian, al someterlas a pruebas revictimizadoras o interrogatorios que arrojan sospechas sobre ellas.
La alientan medios de comunicación que reproducen estereotipos del macho agresivo y de la mina pasiva y tonta.
Existe una violencia simbólica, sutil y a veces casi imperceptible de los mensajes descalificadores hacia nosotras, y se expresa en la desigualdad de nuestros discursos o en la imposibilidad de ser escuchadas.
Padecemos la violencia del lenguaje que subsume lo múltiple y diferente en un genérico masculino.



Entre todas y todos debemos hacer un ejercicio de crítica.
Debemos decir BASTA.
Debemos educarnos en el reconocimiento de la diferencia sin asignarle una jerarquía inferior.
Debemos forzar las percepciones sexistas con la que la cultura nos permea y nos envuelve constantemente, para subvertirla.
Hoy es un día para hablar y preguntar acerca de la Violencia hacia las Mujeres, que es una violencia que nos afecta a todas y todos.
Si la aprendemos de la misma manera en que aprendemos el respeto y la solidaridad, podemos entonces desaprenderla.

domingo, 21 de noviembre de 2010

No regalemos las palabras


"Mi nación no tiene cruces ni banderas" (Tres Agujas, Del 63, Fito Páez).
Las/os que crecimos con la Dictadura, podíamos sentir la letra de Fito plenamente. Una experiencia habitual de represión que se presentaba como lo dado -no había podido paladear todavía, por la poca vida vivida hasta entonces, la diversidad de pensamiento ni la libertad- y que tenía sus ceremonias repetidas y grandilocuentes de marchas militares, maestras de postura grave y firme en el frío de los actos en las fechas patrias. La marcha de los colegios por la Costanera -crecí en Gualeguaychú- atrás de los uniformados, como ellos al ritmo del "izquierdo, derecho, izquierdo", ensayado como si se tratara de lo más importante, me molestaba profundamente. Y todavía no sabía nada de lo que se hacía en nombre de esos símbolos.

En 1978 la Junta vino a inaugurar el Puente Internacional Gualeguaychú-Fray Bentos. Las fuerzas vivas, engalanadas, nos vistieron de falditas y shorts de papel crepe celeste y blanco, con la camiseta argentina, para marchar por la 25 de Mayo. Una señora tuvo la idea de poner la bandera de los treinta y tres orientales en el balcón, junto a la argentina y la uruguaya. No sólo se la hicieron sacar, casi se la llevan detenida. Yo no entendía del todo lo que escuchaba comentar a mi padre, que siempre había sostenido lo brutos que eran los milicos.

Pero tal vez hubo cierta una complicidad en aquella "torpeza" de la señora que la había colgado frente al lugar donde Videla, Massera y Agosti bajaban de sus coches. Tal vez, la sonrisa de mi Viejo al narrar la anécdota "animales, es una de las banderas patrias de Uruguay" estaba diciendo algo más... La bandera de Lavalleja y sus 33 Orientales reza "Libertad o Muerte".


El recuerdo viene a cuento de la Patria y la Soberanía.
Se trata de conceptos, los que son móviles, se saturan y se resignifican. Se utilizan como armas, como herramientas, para distintos fines. Los militares y la sociedad fascistoide se llenaron la boca con ellos. En el sufrimiento de quienes vivimos esa "Patria", en el saldo de la vergonzosa conducta en Malvinas en el '82 de aquellos que sólo sabían reprimir compatriotas y mandar a morir a los subordinados -chicos que castigaban en el mismísismo campo de batalla-, pero no enfrentar un ejército usurpador, esas palabras se nos marcaron con un signo infame.

Los conceptos pueden y se deben transformar con experiencias concretas que les dan sentido.
Resulta que la soberanía es la autodeterminación de un pueblo si se traduce en la posibilidad concreta de las personas de vivir dignamente. De poder decidir, determinarse, en pie de igualdad con otros/as.

La igualdad es un universal que se pone a prueba, se verifica, en un ejercicio particular, concreto e histórico. Se va ganando, no está dada de una vez y para siempre. Y no desconozco las diferencias de clase; al contrario, asumiéndolas es que esta conquista de la igualdad, como la de una soberanía real, es una batalla permanente que se da en cada pequeño gesto de todos y todas.
La soberanía es un ejercicio de derechos pleno. Muchas mujeres sabemos cuánto hay que trabajar por desmontar las diferencias en el acceso a la igualdad de oportunidades. La que ha sido obstaculizada por la construcción cultural que el patriarcado hace a partir de diferencias anatómicas. Y vamos planteando, cada vez más y con distintas estrategias, la visibilización,
la voz propia, la libertad y la dignidad de no ser más objetos de legislaciones, prejuicios y prácticas que nos oprimen. La Patria y los valores occidentales y cristianos de tradición y familia han servido de batería ideológica para sofocar nuestra ciudadanía. Pero la soberanía, la libertad y la dignidad no puede no implicar la posibilidad efectiva de decidir sobre nuestra vida y sobre nuestros cuerpos en tanto ciudadanas.

La Patria no puede ser referida nada más que al sector rico y poderoso. Ni la ciudadanía sólo a quienes tienen el camino allanado para el disfrute con el trabajo mal pago de sus compatriotas, aprovechando la ignorancia, el olvido interesado de la historia, monopolizando los discursos.

La soberanía es la defensa de nuestros recursos naturales, botín por el que vienen de afuera y de adentro intereses mezquinos.

La soberanía es soberanía alimentaria, jaqueada por Monsanto y el cipayaje que, llenándose los
bolsillos -por ahora- no repara en cuánto nos enfermamos, cuánto nos empobreceremos perdiendo la diversificación de los cultivos, agotando la tierra, envenenando napas de agua.

La soberanía es la búsqueda de un desarrollo entre pueblos hermanos que no produzca ecocidios, como el del Río Uruguay. Hoy como ayer, con cuentos de progreso y dádivas lastimosas, se echa mano de las palabras y los conceptos para someternos y dividirnos, víctimas de una trampa. La historia de nuestras naciones nos enseña mucho sobre lo que ha dejado tanta división: pobreza para nosotros, beneficios para quienes dividen.

La Patria somos todas y todos. La Presidenta hizo justicia en su discurso conmemorativo de la Vuelta de Obligado a las ausentes de la historiografía liberal y revisionista también: a las mujeres que pusieron el cuerpo, la sangre, el sacrificio y la vida y jamás son mencionadas. Y esta soberanía -como la de aquel 20 de noviembre de hace ciento cincuenta años sepultado por los mal llamados próceres- de la que habla ella, no es una fórmula vacía, sino una experiencia crucial compartida por millones de personas que sienten emocionadas cantar de nuevo una marcha militar en el Bicentenario.

Porque se vive una tarea de inclusión de ciudadanos y ciudadanas. Porque la Patria de la que hablamos no se distingue de la Patria Grande Latinoamericana, que con tropiezos e imperfecciones pero sin perder el rumbo, ha sabido ponerse de pie para decir NO ante las potencias y NO a los organismos financieros multinacionales que, en nuestro mundo contemporáneo, eran los titanes del mundo económico globalizado (como la armada anglofrancesa frente a la Confederación). Y ha dicho SI a una construcción de identidad común desde el sur, diversa y heroica, sufrida pero entusiasta en sus principios de justicia popular y dignidad continental.

Charly García escribió en "Botas Locas" -tema censurado en 1974- acerca de los milicos aquellos: "Amar a la Patria bien nos exigieron / si ellos son la Patria yo soy extranjero"...
En este 2010, estamos haciendo esta Patria en la que podemos cantar, emocionados con Fito en los festejos del Bicentenario, y entonar la Marcha de San Lorenzo junto a uniformados/as compartiendo una pertenencia. Sintiéndonos protagonistas de un proyecto transformador. No podemos entonces, regalar las palabras a quienes las pisotean con la codicia y la traición a sus semejantes. La Patria chiquita, excluyente, declamada y vacía.

El lenguaje es un campo de batalla. Y las palabras nos pertenecen en la medida en que las empuñamos a la par de una tarea coherente que les da sentido. No regalamos entonces la Patria, ni la Soberanía y podemos sentirlo así porque queremos la dignidad y felicidad colectiva.

viernes, 19 de noviembre de 2010

Encuentro en Tucumán y la nueva militancia

Hace casi una semana, viajamos a Tucumán para juntarnos con bloggeros/as y enredarnos en nuestras experiencias, saberes y preguntas, para compartir en esa tierra tan hermosa un poquito de tiempo, vernos las caras.
La actividad de la mañana estaba planteada para contar desde la voz de los compañeros más conocidos, las características de este proceso de tomar la palabra y cuestionar la deformación mediática. Produciendo sentido, multiplicando las miradas y dando la posibilidad de intervenir y criticar sin impedimentos. Así se fue generando el fenómeno de la cibermilitancia: entre otras cosas, poniendo en el tapete que la construcción de la realidad es una batalla política. Y que no se necesitan cúspides para convocarnos.
Intercambiamos desde las preguntas e intervenciones la relación entre la militancia tradicional, partidaria, y estas nuevas formas de construcción política. De acuerdo a mi perspectiva, la crisis de un tipo de representación - mediatizada por las estructuras jerárquicas, las organizaciones burocráticas y los liderazgos mediáticos, entre otras cosas- abrió un boquete por el que se coló otra metodología. Aire fresco que sacudió y voló obstáculos serios.
La juventud que se lanzó por allí a participar con una creatividad y energía irreverente, le dió fuerza e impulso a esas otras maneras. Quienes nos frustramos con esas otras militancias tradicionales, también nos deslizamos y entre generaciones diferentes ampliamos ese boquete : a partir del 2003 la posibilidad de concretar las transformaciones que traicionaron las viejas prácticas, nos encontró comprometidos/as con este proyecto. Con la aventura de la dignidad a reconquistar para un pueblo profundamente golpeado a partir de una distribución equitativa de la riqueza, de la reivindicación seria y no declamada de los derechos humanos a partir de la justicia y con una política cultural revolucionaria - y no exagero- que levantó otros valores por sobre la chatura e insensibilidad de los noventa.
Cuando pudimos sentarnos a una mesa y estar cara a cara, cambiándonos de lugar para poder charlar con cada uno y cada una, nos sentimos más a gusto todavía. Lo espacial, como lo metodológico, insisto, es mucho más fuerte que lo discursivo.
Valió la pena hacer 1300 km. desde Bs.As. para encontrarnos y para aprender. Para ser tan bien recibidas/os por los/as locales: por Ricardo, especialmente, que ofreció su casa y su calidez, así como se hacía comúnmente, antes de la época de los rotweilers, las rejas y la desconfianza permanente. Todavía se hace, a pesar de lo que machacan los medios; por la generosidad de Aldo; por la polenta de los chicos y chicas, algunos/as estudiantes residentes en Tucumán.
Como algunos/as más veteranos/as entre los que me incluyo, lo impresionante de la joven militancia es que registra las distintas metodologías. Esas que en política pueden capturar, frenar, usar el entusiasmo y el trabajo en la calle - entre otras tantas tareas-, y las otras que en cambio los renuevan y los revitalizan, descentrando la toma de decisiones y repartiendo equitativamente responsabilidades, que es quizás lo más bravo de lograr.
Paola, Udi, Lucas y Mendieta, Ram nos aportaron momentos de reflexión, alegría, sorpresas de las buenas. Creo que la mayoría está pensando en otro encuentro pronto, es muy importante repetirlo, y que al mismo tiempo sea diferente.
Que el acercarnos aumente nuestra alegría es una confirmación de una nueva militancia, que avanza y crece al lado de otras prácticas que vamos, como sociedad, cambiando lentamente. Prácticas donde una cierta división del trabajo militante termina desgastando y contradiciendo la igualdad a la que aspiramos y que en cada situación buscamos confirmar - ésa es la política, de los derechos declamados al ejercicio concreto-, procedimiento tan arraigado y naturalizado frente al cual casi nunca se está lo suficientemente atento/a.
Por supuesto hay liderazgos, pero si damos las gracias a Néstor Kirchner por algo, fue precisamente porque supo, entre las aguas turbias de las estructuras partidarias en crisis, apostar y convocar a atravesar sus límites. No se cambia de un día para el otro, lo sabemos bien, convivimos con prácticas que no nos sirven. Pero vamos afirmando e inventando otras. Más democráticas y osadas. Más federales, por ejemplo.
Gracias Tucumán!

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Nuevas formas

Creo que en política tan clave como el qué es el cómo.
Que lo declarativo, los principios a defender y por los que trabajamos, pueden ser los más elevados, pero...¿cómo los hacemos carne? Cómo los vivimos y los contagiamos, a partir de cada gesto mínimo?
Lo dijo Jauretche a propósito de los intelectuales que "amaban la libertad en abstracto, la justicia en abstracto, pero no salen corriendo detrás del policía que se lleva a un huelguista, a un manifestante..." algo así.
Las crisis de muchos partidos revelaron que el cómo, que las prácticas han sido fuerzas exoulsivas de las voluntades que se acercaron a ellos con sinceras ganas de cambiar las cosas. Que dirigentes más interesados en las pantallas de televisión que en la charla cara a cara, terminaron quedandose sin tropa alguna.
Mirar a los ojos, mezclarse entre los/as rezagados/as, eso es un liderazgo perdurable.
Desde hace unos años el movimiento social está presentando interesantes novedades. Nuevas formas de expresión e iniciativa para la creación política, que no desdicen principios que históricamente se han sostenido sino que difieren en el cómo acercarse a ellos, cómo no licuarlos ni traicionarlos.
Sin pedir permisos, sin tener dirigencias verticales, sin ceñirse a ciertas identidades a las que "bajan" una línea, coexisten nuevos experimentos exitosos con las maneras tradicionales de los partidos y las "orgas".
Hay un cansancio y una resistencia saludable a dejarse llevar por dirigentes mediáticos que de un día para otro mudaban posturas. Hay una sana desconfianza en los tropeles que están en todas las fotos pero no pegando carteles en la esquina con "la tropa".
Creo que emerge con mucha irreverencia una manera inédita de hacer, decir y participar desde una horizontalidad que es durísima de conseguir, pero no imposible.
Hoy tenemos redes, cibermilitancia, articulaciones que superan en fuerza y convocatoria a los mismísimos partidos.
Nuevas formas.
Es importante que una etiqueta partidaria, una pertenencia parcial, no limite ni cristalice lo que, en movimiento constante, excede los límites. La creación política que haga que mientras defendamos y persigamos más libertad, más justicia, más libres, más justas/os seamos.
Desafíos de las nuevas formas para la participación y un protagonismo de cada una/o, compartiendo las tareas, los errores y los aciertos. Multiplicando los sueños y las pequeñas grandes victorias, las que mueven las montañas de una cultura política.



lunes, 8 de noviembre de 2010

La memoria




Pensaba escribir sobre el ejercicio de la memoria como una tarea ineludible para la ampliación de la democracia. Para saber de dónde venimos, cuáles son las herencias que recibimos, para comprender lo que nos sucede como sociedad y cuáles son las opciones por delante (que no son nunca infinitas ni aparecen de la nada).
Y se muere Massera, hoy.
Se muere y no en una cárcel. Fue indultado en 1990. Al reabrirse los juicios paralizados se le dictó prisión preventiva, pero se le otorgaron beneficios a causa de su estado de salud : un aneurisma lo habría dejado "demente".
Recibió condenas sociales también, que son las definitivas a largo plazo. El día que tuvo que abandonar un restaurante cuando toda la concurrencia lo enfrentó, retirándose en señal de repudio, lo que no había logrado el brazo institucional de la justicia -gracias a la debilidad de los gobiernos perdonadores- logró sancionarlo.
Se me dirá "quedó impune". Cumplió menos de cinco años de su condena a perpetua por el indulto de Menem. Se lo procesó por el robo de niños/as. Sólo en el exterior se lo condenó en ausencia, como a Astiz.
Es verdad. La justicia llegó tarde y llegará tarde para muchos como él.
Pero está la memoria colectiva que sabe quién fue, qué representó, en especial por haber sido quien tuvo el proyecto político dentro de la Junta Militar, apuntando a cooptar a los"recuperados/as" en el contexto del infierno de la Esma.
Y si hace falta seguir hablando del terrorismo de Estado y de la desaparición de personas como práctica sistemática, planificada y tolerada por la cúpula de la Iglesia Católica y sectores de la sociedad que se beneficiaron con las políticas económicas de la Dictadura Militar, es porque esa memoria es la única forma de no repetir estas atrocidades.
Si seguimos construyendo la memoria de quiénes y el cómo y el para qué de las torturas, los secuestros, el robo de bebés, la complicidad de resortes judiciales, del rol de una prensa adicta y entusiasta de la represión que contribuyó a mantener en la clandestinidad el horror, -desinformando, tergiversando o llamando "enfrentamientos" a ejecuciones - seguramente no volverá a tolerarse nada semejante.
Aunque el discurso "blumberguiano" de la inseguridad haya prendido en ciertas franjas de la población, de allí a alentar un exterminio, ya implica un paso que no todos/as están dispuestos a dar. Hay, sino principios sólidos de respeto por la vida humana, al menos, formas que mayoritariamente han calado hondo en el tejido social.
La memoria conlleva relatos no siempre homogéneos, interpretaciones que coexisten alrededor de estas heridas que toman tiempo en ser procesadas.
La memoria se fue abriendo camino entre las posturas conciliatorias con el Proceso con ímpetu de dejar todo atrás, de meter la basura debajo de la alfombra decretando olvidos; se abrió paso a los empujones y codazos entre los vaivenes de un gobierno que pretendió que los militares se juzgaran entre ellos. Eran los tiempos nuevos de la democracia recuperada; los militares eran fuertes a pesar de su deshonra en Malvinas. Provocaron con una rebeldía una concentración masiva en defensa de la demoracia y las instituciones, y aunque se haya negociado ese respaldo monumental, ya había anticuerpos contra el terror y el miedo.
Movilización, denuncia, investigación. Dar testimonio.
No había precedentes de lo acontecido. Faltaban figuras legales para un juzgamiento.
Se batalló ininterrumpidamente desde las primeras rondas de las Madres en 1977 para nombrar, para recoger datos y narraciones terribles e imprescindibles en un trabajo digno de juzgado de instrucción que permitió al fin, que la Cámara Federal sentara en un banquillo de acusados a Videla, Massera y Agosti, y los condenara.
Una conquista dramática de justicia que seguramente estos desalmados jamás imaginaron.
Cuando se juzgó, - y tan limitadamente como fue - se traspuso un umbral para que la democracia empezara a afirmarse en un cimiento básico: el respeto por los derechos humanos y la igualdad ante la ley.
Luego, durante años vivimos resistencias, vergonzosos indultos, leyes de perdón, pero desde los organismos, desde la ciudadanía que no era ya capaz de resignar la bandera de Memoria, Verdad y Justicia, se mantuvo un reclamo, se apeló al escrache, a la inscripción en las calles. Sin dar un paso atrás.
Finalmente y por esa memoria viva en estado de construcción permanente, los juicios se reabrieron, se declararon inconstitucionales las leyes de la impunidad y Néstor Kirchner, como presidente de la Nación, procedíó a ordenar que el cuadro de Videla fuera descolgado en la Escuela de Mecánica de la Armada. En nombre del Estado Argentino, pidió perdón por los crímenes de lesa humanidad. Pudimos entrar en la ESMA a conmemorar la memoria de las víctimas, con nuestros/as hijos/as, a explicar qué había sucedido allí, a escuchar a quienes nacieron allí en cautiverio y habían recuperado su identidad y la historia que les habían robado. Como Juan Cabandié, que se reinventó desde su tragedia personal. Como otros/as nietos/as recuperados/as por la incesante lucha de Abuelas.
Y lejos de transformarse en un algo estático, el Espacio para la Memoria en el que fuera el más terrible centro clandestino de detención, tortura y muerte se convirtió en sede de actividades culturales y artísticas en sintonia con el pulso vital de una sociedad que quiere ser cada día más democrática en sus prácticas y sus experiencias.
Vamos a seguir hablando mucho, y por mucho tiempo de Massera.
Vamos a seguir haciendo, desde nuestro lugar, esa memoria y esa justicia por las víctimas y por nosotros/as mismos/as.

martes, 2 de noviembre de 2010

Las heridas




Fernán Mirás, en el programa 6,7,8 de anoche, se refirió acertadamente a un fenómeno que tal vez no hemos registrado lo suficiente. Habló de los exacerbados mecanismos de defensa hacia los políticos, las políticas, a partir de las experiencias de frustración y de dramatismo justificado de miles de personas. Esas, alrededor nuestro, que no pudieron llorar, condolerse, abrirse.
Habló de la heridas provocadas por muchas experiencias, esas que mutilan.
Experiencias terribles como el quedar descartados/as, como muebles viejos, del acceso al empleo.
Que no se pudiera tener un proyecto mínimo de subsistencia digna. Que el tren no pasara más por el pueblo, que cerrara la fabrica y no tuviera ni siquiera la fuerza necesaria para ir a incendiar gomas a la ruta para terminar ofreciendo el pecho a la gendarmería, no teniendo ya nada más que perder.
La desesperanza de no poder proyectar un futuro, tener que dejar atrás la vocación para rebuscarse, no poder irse, o irse a otro país con el alma partida para intentar encajar en alguna parte.
El temor de quienes no tuvieron hambre pero sí se vieron al borde del precipicio de la clase, quizá con un título universitario, y una historia personal de prácticas que no podía reconvertirse en estrategias en las que otros/as, pobres estructurales, villeros/as,tenían un doctorado.
Ese temor cristalizó en un escepticismo feroz, en una incapacidad para entusiasmarse aún cuando la vida propia, la ajena, esté transformándose sustancialmente.
Ojos que no podían llorar.
Hombres y mujeres blindados, desde sus heridas, como para poder abrirse a una ilusión y reconocer lo que sucedía, lo que está sucendiendo. A decir "sí" a algo bueno. Y no digo óptimo, digo bueno, que es muchísimo para toda la cadena de maldades pasadas.
Me gusta Fernán Mirás, me gustó lo que señaló. Nos viene bien para pensar en muchos/as que conocemos, que queremos, que sabemos no son gorilas, no son jodidos/as, son solidarios/as, que son sensibles. Pero temen al poder como si éste residiera solamente en el ámbito de lo político, en un sillón presidencial.
Temen la dualidad y la ambivalencia, quieren pero no pueden asumir el entusiasmo del compromiso en el que tantos y tantas nos hemos metido con todo.
Quizás ahora podamos recargar mochilas de paciencia para abordar, con los/s que hemos dejado de hablar de esos temas de la política, del gobierno. Trazando una distancia. Otra herida.
Porque hemos padecido un 'lonjazo", como dijo Aníbal Fernández, que dejó en carne viva a una sociedad.
La partida de quien curó muchas de esas llagas y devolvió la posibilidad de soñar, haciendo un espacio generoso para participar en la construcción de otro presente. Y en pocos, muy pocos años.
Ése quien -con una potencia inimaginable para estas tierras-, alcanzó y rebalsó a tanta gente. Incluso a quienes todavía no pueden llorar, pero fueron alcanzados por la muerte de Néstor. Y fueron tocados, sin duda, por esa oleada de amor y gratitud, esa oleada de sentimientos expresados sin pudor y con el orgullo de ser partes de la misma historia, del mismo sueño.
Hay personas que tal vez, están a la espera de una charla en la que no se parapetarán en los argumentos que les habíamos escuchado antes.
Fernán Mirás, gracias por tus ojos rojos, te emocionás como me emocionaste en la pantalla del cine hace tantos años, me emocionaste con tu emoción sincera anoche, cuando escuchaba tu reflexión que provoca estas palabras y me animará a encarar otras charlas pendientes, necesarias, que tiendan ese puente de confianza, para sumar.
Que nos queda mucho por hacer, tanto, tanto!!! Y mientras hay puertas y corazones con mil cerrojos, nuestro proyecto está abierto a quienes tienen esa herida que deja cicatrices pero no impide seguir adelante, reinventando la alegría.
Porque el amor es más fuerte...