martes, 31 de agosto de 2010

Resonancias pestilentes

“Qué quiere, que los matemos?” (a los “trapitos”), es la declaración ante el micrófono radial de Mauricio Macri.
“Algo habrás hecho” (De Narváez).
“Nos vamos a subir a ese tren, aunque haya que tirar(lo)por la ventana a Kirchner”,otra de Mauricio Macri.
“Están todos/as pagos/as...” letanía de oyentes y televidentes formateados para referirse a figuras y periodistas afines al gobierno. También se decía hasta el hartazgo lo mismo de “las locas de la Plaza”(de Mayo).
“Hay infiltrados” asegura la referente del Arzobispado y Diputada Nacional que apoya la judicialización de los/as estudiantes secundarios, que exige a rectores/as que “marquen” al alumnado que reclama ni más ni menos que el Gobierno de la Ciudad ejecute el presupuesto de una vez para que la escuela pública no se caiga a pedazos.



Hay resonancias. Imposible no evocar, quien haya vivido la Dictadura y los años previos, aunque fuera chico/a, aquellas propagandas, noticieros, artículos de las revistas...
Lo sucedido en los 70 ha seguido ocurriendo, y me refiero a la derrota. A la instauración del miedo después trocado en olvido, o a un desplazamiento tramposo de las responsabilidades a descubrir hacia otro eje tranquilizador. Los años de impunidad, tras el informe de la Conadep y el Juicio a las Juntas de los primeros tiempos de la democracia, intentaron poner sobre esa herida abierta que era imprescindible limpiar a fondo, un parche insuficiente. Los indultos y el freno a las investigaciones sobre los crímenes cometidos por el Estado fueron repudiados y la búsqueda de justicia siguió presente en el reclamo de los organismos de derechos humanos, algunos partidos y miles de argentinos y argentinas que no dejaron de exigirla para construir otro modo de convivencia realmente democrático.

Desde que se declararon inconstitucionales las "leyes del perdón" y se reabrieron las causas, se sacudieron muchas estructuras. El creer que se podía dejar atrás el esclarecimiento de un proceder terrorista desde el Estado como en una zona ambigua a la que se podía recurrir para frenar la protesta social - puesto que “hay que mirar para adelante y no revolver el pasado”-, anima los crímenes del gatillo fácil y el asesinato de Kosteki y Santillán.

El confiar en la tarea de los medios concentrados el imponer la cuestión de la inseguridad y fabricar a medida al delincuente emergente de la pobreza, la marginalidad, la tez, la villa – a la que no fue a parar y en la que no nació por elección- permite reprimir sin detenerse en la valoración del uso de apremios ilegales. Divas de la tele les objetan la atribución de derechos humanos.

Los de guante blanco compran picanas cuando se hacen cargo de la gestión gubernamental y piden listas, marcan, persiguen, respondiendo a la demanda de seguridad de sus votantes. Cuántas fortunas de estos empresarios devenidos políticos provienen de asociaciones con el Estado, beneficiosas para ellos y ruinosas para los/as argentinos/as? La investigación sobre el origen de la deuda externa pone en vinculación varios apellidos de estos gerentes políticos con la estatización de deudas privadas. Porqué no hablamos más de eso?

Reacciones frente al avance que significa para todos/as, hablar de lo que no se hablaba –la complicidad de los empresarios y de sectores de la sociedad civil con la Dictadura-, indagar acerca de la legitimidad de lo que se considera adquirido, no sorprende. Lo notable es el cómo se la enuncia y se acciona. Las intentonas represivas recrudecen, y sus discursos se calcan de aquellos utilizados en los ’70 como excusas para hacer desaparecer, robar, apropiar niños/as, silenciar y aterrorizar.

Lo que recién comienza a diseñarse como mecanismo institucional, - ley de medios o de fabricación de papel de interés público – y que debe instalarse y pulirse, es una amenaza para los/as cómplices del genocidio. Y más aún que los juicios de lesa humanidad, tardíos, pero imprescindibles. Ejecutores han sido visualizados y execrados aún sin haber llegado a ser alcanzados por la justicia. Pero la investigación judicial que se dirija a los privilegios obtenidos por los instigadores o cómplices, y detentados por décadas, como una olla pestilente se destapa ahora y apela a toda una toma de responsabilidad colectiva.

Desarrollar anticuerpos frente a la violencia de estas medidas y detectar la amenaza de estas declaraciones para una sociedad que pretende construir una convivencia democrática no es un detalle. Es central.

El conocimiento profundo de la historia es finalmente, la forma superior de la Justicia, afirma Horacio Gonzalez. Tal vez, hasta el momento, una versión incompleta de la historia ha estado en pugna con otras versiones de lo que nos ha sucedido en los últimos 30 y 40 años, y en esa fricción, los discursos que ahora brotan traen los jirones de un pasado que todavía nos pasa, para comprometernos.

lunes, 23 de agosto de 2010

Ninguneos

Expresión efectiva del menosprecio, de la superioridad desde la que se pretende estar, es lo que llamamos el “ninguneo”. Ignorar, por ejemplo, a alguien que habla, desentenderse de su presencia, hacer como si no existiera. Desconocer sus acciones y logros. Una actitud que habilita la supresión del/la ninguneado/a.

Miles y miles de protagonistas cotidianos son ninguneados/as en sus gestos solidarios. Miles fueron ninguneados desde gobiernos que destruyeron la industria nacional, dejando sin trabajo a una masa que no tenía alternativas para reinsertarse en una actividad que les permitiera subsistir. Miles de dólares fluyeron de los bolsillos de empresarios cómplices de este desguace para adornar a sus mandaderos funcionarios, y muchos miles más se evaporaron al exterior. Incontables familias no fueron consideradas como seres humanos dignos de comer, vestirse, educarse y atenderse. Miles y miles de viejos y viejas fueron abandonados y sus aportes jubilatorios se licuaron en manejos financieros, al tiempo que, sin trabajadores, se hería de muerte la estructura previsional.

Unos pocos cientos, sin embargo, ganaron fortunas con la faena : sin mostrarse, amasaron un poder inmenso. Ganaron con el endeudamiento externo, con la especulación financiera y con los negocios resultantes del remate de las empresas estatales; de la noche a la mañana compañías fantasmas facilitaban la evasión impositiva. Inversores extranjeros se instalaron a ganar fortunas sin generar trabajo para los ninguneados, sin problemas para fugar sus rendimientos, sin que regulaciones serias les estorbaran.

Países y personas ninguneadas, de otra categoría - como en la época colonial-, nutrían esta estructura asimétrica e infame. De tanto en tanto, cuando no quedaba más que perder que la vida, algunos estallidos de protesta coronaban con muertes violentas el proceso, porque en realidad, la muerte lenta y silenciosa de tantos y tantas era cosa de todos los días. La inseguridad : eso de no saber si podré comer mañana, si podré dar de comer a mis hijos/as, si podré dormir debajo de un puente, si caeré por portación de cara bajo la bala de la policía.

Inseguridad jurídica, decían los supuestos expertos en economía, era poner control a cualquier accionar de los capitales privados nacionales o extranjeros; era no pagar intereses de una deuda impagable e ilegítima, con la que seguían ganando dinero quienes la habían generado. Inseguridad era intervenir desde el Estado, ya a este punto, grotesco y paralítico : transformado en una herramienta para la producción de ganancias de pocos y miseria de mayorías.

Los medios concentrados hicieron la tarea de instalar justificativos a la situación a medida de los gerentes. Se denigró a la política al extender la corrupción de los que habían hecho el trabajo sucio, a toda forma de participación y de interés por recuperar el rol del Estado; se desalentó la participación mediante formas novedosas. Se mantuvo ajeno el vínculo entre los ganadores y la gestión votada en elecciones, empleada por ellos. Se construyó la figura demoníaca de la protesta social- delincuente. Se instaló la desconfianza de todos/as contra todos/as y la protección de la propiedad privada con un celo obsceno frente al ninguneo de la vida desprotegida.

Desde el año 2003, gestos claros desde el gobierno alentaron y abrieron un espacio a la movilización que ha ido empujando un proyecto inclusivo. Se plantearon entonces nuevos desafíos, se cayeron velos que empezaron a exponer estos vínculos antes secretos entre magnates mediáticos, latifundistas y políticos de principios volátiles.

La memoria se construye, y hay memoria selectiva. Podríamos preguntarnos por el sentido de los ninguneos de hoy. Como la articulación inédita de los países latinoamericanos, ninguneados desde siempre, para moverse desde un lugar digno y fuerte en el mundo globalizado. Integración que no subsume las diferencias sino que las potencia en función de intereses comunes, a diferencia del ALCA. Hace dos años Unasur respaldó a Evo Morales en Bolivia con las presencias de las presidentas de Chile y Argentina y los presidentes de Ecuador, Brasil y Venezuela en medio de la intentona golpista. Ahora, la mediación de Unasur ha permitido encarar de manera nueva las relaciones críticas entre Venezuela y Colombia. Novedad en la región,
ninguneo mediático.

Jauretche señaló magistralmente cómo la madre de las zonceras argentinas fue la oposición entre la civilización y la barbarie. Lo indígena como bárbaro, debía ser arrasado en nombre de una civilización trasplantada. No era mixtura, era instalar Europa en América sin ahorrar sangre de gauchos porque lo autóctono sólo significaba atraso. Todavía ahora, cuando festejamos un Bicentenario, la autodenigración es alentada por el discurso que insiste para fomentar los lamentos y quejas de “este país de m...”.

Indagar el porqué del desmembramiento de lo que fuera el Virreynato del Río de la Plata, las causas de la guerra con el Paraguay, los réditos de la Campaña exterminadora del Desierto, los motivos del exilio de Artigas, la desobediencia de San Martín, y antes aún... saber de las revueltas de caciques y negros contra españoles y portugueses, está pendiente. Conocer cómo nos hemos extrañado los pueblos latinoamericanos los unos de los otros para ser explotados y denigrados es imprescindible.

A pesar del ninguneo, los/as presidentes líderes de esta integración del Cono Sur son vitoreados/as en nuestras calles. EL CEO de Clarín puede ir preso por arrancar acciones de Papel Prensa a una detenida ilegal.

Quien quiera oír que oiga... o meta la cabeza en la tierra, como el avestruz.

jueves, 12 de agosto de 2010

Tradición, pasado y presente. Benjamin y Cooke.

La historia no es lineal, ni simple. La historia es narración, es un constructo con el que se hacen cosas, se establecen legados. En la tensión con lo olvidado, lo perdido, lo que no se nombra, una tradición hegemónica se superpone a otos relatos, otras versiones, otras historias.

Existen tradiciones diferentes. Podemos hablar de una historia desde el punto de vista de los vencedores, tanto como otra historia desde el punto de vista de los vencidos, la cual resulta más ardua, porque se va rescatando, construyendo por fragmentos, y luce los jirones de la derrota. Pero que es tradición al fin...
A las luchas revolucionarias de todos los tiempos, a las luchas de nuestra América Latina, le corresponde una tradición que palpita en las luchas del presente.

Siempre miramos el pasado desde el presente, de acuerdo a un legado que recibimos. Puede que otro legado reaparezca al deconstruir, al abrir o cuesionar lo transmitido por la cultura en la que vamos siendo formados.Cuando descubrimos la América profunda: los pueblos originarios que existían con sus culturas heterogéneas, sus civilizaciones, sus mitos y prácticas complejas, sus rivalidades y sus misterios.Cuando visualizamos la América de la esclavitud de la población negra.Cuando comenzamos a enterarnos de las revueltas populares, de los intentos de emancipación frente al imperialismo norteamericano desde el siglo XIX, vamos articulando otra tradición.

La historiografía expresa la batalla por el control de un pasado que intenta legitimar un estado de cosas. En nuestro país, Mitre se encargó de dar una versión de la epopeya de nuestros próceres a medida del país liberal que defendía y se había consolidado sin ahorrar sangre de gauchos en las guerras contra el indio, contra los paraguayos que se habían animado a un proyecto autónomo de desarrollo. Proyecto encabezado por los ganaderos y terratenientes aliados al capital inglés. Pasarían décadas hasta que otras versiones de la historia rescataran a los entonces malditos, para mostrarlos como defensores del país frente al dominio extranjero. Otra visión de la historia; en clave materialista, desentrañando eso que no explicaban los viejos textos escolares cuando hablaban de las batallas,rebeliones, conflictos entre unitarios o federales, o Bs.As. y el interior, como si se tratara de meras acciones de personajes excepcionales.

¿Cómo se puede tener pues, una tradición y para qué tenerla, con todas estas dificultades? Primero, honestidad, sabemos que hay versiones, varias, del pasado. Que no hay hechos desnudos. Que nuestra mirada no puede escapar al marco conceptual ni a los prejuicios de nuestro tiempo. Segundo, el pasado, o bien, las versiones del pasado, constituyen e interpelan el presente que vivimos y en el que pensamos alguna transformación o defendemos un estado de cosas imperante. Por lo tanto, hay un uso del pasado, un vínculo con él orienta además, la acción presente.

Para el filósofo Walter Benjamin, el pasado no es el objeto de una contemplación, sino que el pasado se halla en perpetuo movimiento, reordenándose en función de las relaciones que se establecen con él. No se trata de reconstruír el pasado “tal como verdaderamente ha sido”, sino de componer con él una constelación; así, la tradición deja de ser lo que recibimos de los vencedores de la historia para ser objeto de una experiencia activa.

Benjamin escribió sus “Tesis sobre el concepto de la historia” en 1940, poco tiempo antes de morir. En ellas, combatía la idea del progreso histórico, del historicismo, de la teleología como la marcha inexorable hacia un fin prefijado. Con un lenguaje poblado de imágenes y alegorías, hablaba en contra del tiempo lineal; su escritura, fragmentaria, poco ortodoxa para sus colegas filósofos de la posteriormente denominada “Escuela de Frankfurt”, daba cuenta de ese intento por tender, desde su presente, un puente para la acción que, como una disrupción en el tiempo, hiciera justicia con los vencidos, silenciados y olvidados. Expresión de una particular idea de la revolución, distinta a la de los revolucionarios encorsetados en la marcha inexorable de la historia hacia el comunismo que no pudieron comprender ni combatir el nazismo que emergía frente a ellos.

Al leer a John William Cooke no se puede dejar de pensar en Walter Benjamin, en su concepción singular de la historia y de la revolución. Desde la reflexión en medio de la resistencia y la lucha política, decía en sus “Apuntes para la militancia”, de 1964, que : “ en el año 45, a pesar de la crítica que hizo el nacionalismo de derecha al régimen liberal y la historiografía mitrista, porque ellos todavía soñaban con la vuelta a la tierra, y se veían caudillos de gauchos sometidos a la élite de la aristocracia de la que formaban parte, nosotros veíamos el gaucho de carne y hueso transformado en cabecita negra, obrero y que buscaba conducción sindical, orientación para sus luchas, conquistas politicas, líderes de masas.”

Cooke es otra personalidad que siente la proximidad de las luchas pasadas; que busca retomar lo perdido y lo disperso en el pasado para el conocimiento de la realidad y para extraer enseñanzas. Sin separar teoría de práctica que es una falsa dicotomía. Sin colocarse en el lugar del esclarecido, sino de aquel que intenta encontrar un sentido a los acontecimientos, lo que es, a la vez, estrategia de poder. Otro incómodo, que asume que la revolución ya no es un dato absoluto. Y para quien pensar el pasado es pensar el futuro, con todas sus ambigüedades. La teoría política es un instrumento de las masas que desata su potencia y no un poder restringido a unos pocos iluminados: la idea de una dirección política esclarecedora apunta a hacer claras las cosas que están claras. Dirección descubridora. Además, esta dirección ya está en la práctica del popular. Y más aún, lo clave es hacer política con ideas, con conductas y no con personalidades.

Reencontrarnos con estos pensadores y luchadores de una idea de revolución no fácilmente clasificable, desde la vereda de los oprimidos y derrotados, desde la asunción de que no hay síntesis como etapa superadora tras la tesis y la antítesis desplegándose en una marcha de la historia, es estimulante, conmovedor, provocativo.

Podríamos decir quizás que hoy nos involucramos en un proyecto más allá de una personalidad determminada. Que nos descubrimos muchos/as integrados/as desde hace tiempo a una lucha por el cambio social que en estos años se reencuentra con conceptos que se habían llenado de otros contenidos. Éstos tienen a su vez su historia, su devenir, sus mutaciones. Que articulamos con el pasado y con una construcción de la memoria las acciones colectivas del presente: ése es el sentido noble de la pelea por la justicia y el castigo a los genocidas : dejar a las generaciones futuras una tradición de respeto por los derechos humanos más fundamentales, y también dejar un relato distinto del vencedor del cual podamos extraer enseñanzas. Y porque creemos que resuenan, en las demandas de justicia social de las personas excluídas de la dignidad del trabajo y la comida, las voces indias, negras, gauchas y pobres de siempre que con su sacrificio y su sangre hicieron la opulencia de quienes mantuvieron el control - tanto durante gobiernos democráticos como de facto- atentando siempre, atentando hoy, contra el tendido de ese puente en el tiempo.